Íbamos camino a Santa Cruz, era viernes y acostumbrábamos a viajar los últimos fines de semanas del mes, los cuatro juntos, vivimos todos en una misma casa, fuimos compañeros en el colegio siempre.
Mi nombre es José, tengo dieciocho años y estoy en primer año de psicología, mis amigos con quienes vivo son Martín que estudia Ingeniería Civil, el otro es Roberto que estudia Periodismo y el último es Gonzalo que estudia Arquitectura.
-¿Qué vamos a hacer esta noche? - dijo Martín.
-Yo no puedo salir, iré a una comida familiar, está de cumpleaños mi abuelo - señaló Gonzalo.
-Yo tengo mucho que estudiar para esta semana, así que tampoco podré Martín.
Yo iba medio dormido, pero igual lograba escuchar y entender la conversación de mis acompañantes.
-¿Y tú José? ¿Tampoco? - preguntó Martín dirigiéndose a mí.
-No, yo también tengo que estudiar.
-Ah que son fomes, ya entonces, buscaré alguien que quiera salir conmigo.
Me parece bastante rara la actitud que ha tomado Martín desde que se fue a la universidad, él era un alumno bastante silencioso, le decían mueble, no hablaba casi nada, tenía excelentes notas, y no tenía muchos amigos, además de los compañeros de curso. Pero ahora, sale todos los fines de semanas, ha tenido cinco pololas en estos tres meses que llevamos estudiando en Valparaíso, además termina muy ebrio luego de cada fiesta, lo peor es que su madre está bastante preocupada, y su padre murió antes de que nos licenciaremos de 4º medio.
Llegamos a Santa Cruz, nos despedimos y cada cual se fue en dirección hacia su casa.
Al día siguiente desperté temprano para seguir estudiando, cosa que no acostumbro hacer, pero me está costando mucho, así que debo hacerlo.
Mientras estaba estudiando recibí un mensaje de mi polola, Carolina, me pedía disculpas por lo que me había dicho antes de venir a Santa Cruz, lo que no le tomé mucha importancia porque estaba muy enojado con ella.
Luego, seguía estudiando y mi celular sonó, era un número desconocido, no quería contestar, pero lo hice de igual forma.
-Aló - Dije.
-¿José? ¿Eres tú? - me dijo la voz de una mujer adulta.
-Sí - respondí yo - ¿con quién hablo?
-Soy Daniela, la mamá de Martín, sabes, que él salió anoche y pasé la noche esperándolo, ¿no sabes nada tú?
-No - le dije yo - pero cómo, ¿lo llamó a su celular?
-Sí, un montón de veces, y lo tiene apagado, ¿qué le habrá pasado a mi hijo?
Eso último me lo dijo con una voz terrible, estaba al parecer totalmente desesperada.
-Tranquilícese tía, ahora lo que debe hacer es llamar a carabineros para que la ayuden a buscarlo, ya aparecerá - le dije yo, tratando de darle paños fríos al asunto, a pesar de que estaba muy preocupado por mi amigo.
Así pasaron bastantes días desde que ocurrió el hecho, la situación parecía una teleserie que dieron hace algún tiempo atrás, cuyo nombre no mencionaré. Martín no aparecía, ya se cumplían 20 días, la señora Daniela estaba devastada, una hermana de ella se fue a quedar en su casa mientras aparecía Martín.
Que pena, no puedo creer que este pasando esto, menos a él, si era tan callado. Todavía tengo esperanzas de que me conteste.
-¿Aló?-me dijo una voz que se escuchaba bastante cansada, como cuando uno despierta el día después de haber ido a una fiesta.
-Aló, Martín, ¿eres tú?, por favor dime - le dije al escuchar esa su respuesta.
-Si soy yo, ¿con quién hablo? - me dijo un tanto confundido al no saber con quien hablaba. Su respuesta me alegró bastante.
-Soy el José, ¿Dónde estás metido estúpido? (la verdad que no le dije así, pero es mejor cuidar mis palabras en esta narración).
-Estoy en la casa de mi polola, Mariela, la conocí el viernes, ese día que me vieron por última vez. No se preocupen más por mí, yo estoy bien y no volveré a mi casa - me dijo y se oía bastante convencido de lo que decía.
-¿Pero cómo dices eso?, tú madre se muere por volver a verte, llevamos veinte días buscándote, la PDI también lo hace, ¿y en dónde queda la casa de tú polola?
-Ella es de Santa Cruz, pero estudia en Concepción, yo estoy con ella acá.
-Pero Martín, ¿cómo se te ocurre hacer eso?, ¿Por qué lo hiciste? - le dije con una voz ya un poco más alterada.
-Porque quería escapar de mi realidad, toda la vida fui el niñito bueno, el que hacía todo bien, al que lo molestaban por ser tan caballero y tan silencioso, el suicidio de mi padre fue por culpa de mi madre, lo que me hizo enojarme bastante con ella y comencé a portarme mal, a no estudiar, a llegar borracho a las seis de la mañana a mi casa, a no hacerle caso en nada a mi madre, a gastar todo el dinero que me daba para la semana en cosas para mí y finalmente ya cansado, decidí irme de mi casa por muchos días para que mi mamá se de cuenta de la acción que cometió, ella mató a mi padre indirectamente.
-Pero Martín, ¿Por qué dices eso?, tu madre no tuvo la culpa de el fallecimiento de tu papá.
-Claro que si tiene la culpa, ella engañó a mi papá con su jefe por bastantes años, mi papá los descubrió, me preguntó si yo sabía algo, yo le mentí diciéndole que no, entonces, él salió en su auto y luego supimos de que se había suicidado tirándose a un estero que está al salir de la ciudad. Mi mamá se hizo la víctima llorando, pensando en que yo no sabía cuál había sido la razón y fue el día después del funeral cuando yo exploté, le saqué todo en cara y me fui, por eso amigo José, tú has sido un gran amigo conmigo y quiero que por favor no le cuentes a mi madre de esta conversación, pronto me volverás a ver, dentro de esta o la próxima semana, todavía necesito reflexionar bien la situación y tener mi cabeza limpia, sin más odio hacia mi madre ni a su amante, prométemelo José.
-Te lo prometo amigo, tú sabes, siempre hemos sido mejores amigos, toda la vida y nunca nos hemos fallado, menos ahora, pero tú me debes prometer que llegarás muy pronto a tu casa y luego a la nuestra para retomar tus estudios - le dije con bastante tranquilidad.
-Si, te lo prometo, muchas gracias amigo - me dijo con una voz donde se notaba más felicidad, tal vez le hizo bien desahogarse.
Finalmente, y luego de una semana y media, Martín volvió a su casa, se reconcilió con su madre y volvió a vivir con nosotros para retomar con sus estudios tal como me lo había prometido en esa conversación que me gastó todo el dinero del celular, pero estoy seguro de que valió mucho la pena. Ahora todo vuelve a ser normal y esperemos que esta tranquilidad que llevamos haya vuelto para quedarse.
FIN