Estoy un tanto dormido, hace muchas noches que no logro conciliar el sueño como corresponde, en mi casa están muy enojados conmigo al parecer, puesto que hace muchos días que no me dirigen palabra alguna, Lo peor es que no sé lo tan grave que hice como para que ni siquiera Daniel, mi hermano pequeño, con el cual tengo una linda relación, me hable.
Trato de preguntar qúe es lo que pasa, pero nadie me da respuesta alguna, ni siquiera me miran a los ojos. Hay veces que escucho a Daniel encerrarse en su habitación a llorar profundamente y sin ningún consuelo. Yo me acerco a hablar con él, pero como ya es común en esta semana no me mira ni habla.
Esto tal vez ha provocado que yo no pueda dormir durante todas estas noches (con suerte sé cuántas noches son), tengo un gran pesar, porque lo que puedo recordar es que la última vez que me hablaron fue la noche que salí con mis amigos y sé que no debo haber llegado en un buen estado. Debe ser eso el enojo que ha provocado en mis padres y mi hermano. Es una clara lección de que no debo beber más alcohol, porque me estoy haciendo daño a mí mismo, prometo no hacerlo más y cuando salga con mis amigos me comportaré lo mejor posible, ya que no quiero que mis padres nuevamente me dejen de hablar.
Ahora ya no sé que más escribir, nuevamente siento a Daniel llorando en su habitación, iré a ver realmente qué es lo que le pasa, ya no soporto más este castigo que me hacen.
-¿Qué te pasa hermano?, otra vez no me vas a contestar?
Al acercarme un poco más a él, puedo notar perfectamente que tiene su celular en la mano, y está observando la imágen que yo poseo de perfil en mi Facebook, donde aparece mi rostro.
Estoy totalmente sorprendido, ya que ahora puedo entender todo. Lo que pasó no era exactamente que ellos estaban enojados conmigo, sino que ellos no me respondían porque simplemente no pueden escucharme, puesto que yo...estoy muerto.