Vivía solo, "la espera me agotó", comenzaba la canción. Estaba borracho en ese minuto, sentía hasta ganas de vomitar, no sólo por el alcohol, sino por la sensación de estar solo. "¿Y qué otra cosa puedo hacer?"
Mi celular sonó como no lo hacía hace dos o tres semanas, quedé paralizado, me dio miedo contestar. Eran las una de la madrugada, era imposible que fueran mis padres a menos que haya ocurrido algo terrible en mi casa.
Luego de todas las imágenes mentales que pasaron por mi cabeza, me acerqué al teléfono y pude darme cuenta que era un número desconocido, contesté con incertidumbre y curiosidad. Era una voz femenina, el efecto del alcohol había disminuido.
-Ernesto, disculpa que te moleste a esta hora, pero necesito de tu ayuda - contestó la voz de la mujer, me parecía bastante familiar.
-¿Con quién hablo? - le respondí preguntando.
-Ah perdón, pensé que me reconocerías, soy Úrsula, me recuerdas supongo.
Efectivamente era quien sospechaba, y cómo podría olvidarla; Úrsula, esa compañera de curso dulce, atractiva, voluptuosa, la inspiró tantos versos, tantos sueños en mi enseñanza media.
-Quería pedirte un tremendo favor, me enteré que vivías en Santiago en un departamento solo, y yo necesito quedarme por tres días a lo menos, necesito realizar unos trámites y asistir a unas clases. ¿Podría alojarme en tu departamento mientras esos días?
Como era de costumbre, mi mente empezó a llenarse de pensamientos vagos, de lo que podría pasar si ella vivía unos días conmigo. Quizás pueda finalmente mostrarle mi amor escondido que sentí durante tantos años, y poder finalmente ser feliz. Pero es bastante extraño que una compañera que no veo hace tres años me llame a mi teléfono, ¿cómo se consiguió el número?, ¿quién le dijo que yo vivía solo?, ¿qué tipo de trámites debía hacer que duraran tres días?
-Sí, claro - le dije sin saber lo que decía.
-En todo caso, ya voy viajando, llegaré como en una hora más.
Le expliqué el metro que debía tomar y nos pusimos de acuerdo en que la iría a buscar cuando ella me llamara.
Seguí tomando quizás producto de los nervios que sentí al saber que recibiría en mi departamento de soltero a la mujer que había admirado secretamente por tanto tiempo y que con suerte sabía que yo existía.
Me hizo una llamada y me cortó antes que le contestara. Eso significaba que debía ir a buscarla, eran las dos de la madrugada y a pesar de que llevaba tres años viendo en Santiago nunca había salido solo a esa hora, pero gracias a Dios la encontré y pudimos volver sanos y salvos juntos a mi hogar.
Se fijó que tenía una botella media llena de whisky y me dijo si podía servirle. Nos sentamos en el sofá y terminamos la botella juntos, las risas y los recuerdos de aquellos años iban y venían, a veces yo miraba disimuladamente su semblante, su nariz respingada, su cabello crespo, sus piernas algo más gruesas de la última vez que la vi. Todo iba excelente, hasta que comenzaron a haber momentos incómodos en los que nos mirábamos fijo los dos en silencio. No encontraba el momento exacto para poder hacer lo que tanto deseaba, hasta que ella fue quién tomó la iniciativa.
Era impresionante que alguien como yo haya logrado ser besado por esa mujer que tanto tiempo le deseé en mis sueños, y que hace sólo unos minutos nos habíamos reencontrado luego de tres años.
Las cosas comenzaron a ponerse buenas y nos fuimos trasladando de a poco hacia mi habitación. Sí, fue mi primera vez.
A la mañana siguiente desperté contento vivo, con ganas de que eso se volviera a repetir por el resto de mi vida, sin embargo ella, al parecer, no sentía lo mismo, puesto que se comenzó a vestir rápidamente, como asustada, avergonzada. Le pregunté lo que le pasaba mientras observaba su espalda. Sólo dijo que se debía ir, pero luego se sentó, me miró a los ojos y me dijo que lo había pasado bien, pero que ella tenía una relación hace cinco años que no se podía destruir por una simple "calentura".
Eso fue lo que me molestó demasiado, le dije que no se iría de mi casa hasta que se cumplieran los tres días que ella había solicitado quedarse en mi morada. La abrazé por detrás y besé su cuello tiernamente, nos volvimos a besar, pero esta vez ella se soltó y comenzó a llorar.
Me irrité y le di una palmada en su cara para que se callara, nunca le había hecho algo así a una mujer, estaba actuando de una manera inexplicable. Se paró para intentar arrancarse, pero no lo logró al agarrarle fuertemente su brazo. Tenía los ojos llenos de lágrimas y su pelo caído.
-¿Por qué haces esto Ernesto?
Le respondí que siempre la había deseado, desde que llegó al curso un día 6 de Marzo del 2004 cuando comenzábamos primero medio, y que ahora que logré tenerla entre mis brazos no soportaría perderla nunca más. Me respondió gritándome en la cara, lanzándome un chorro de saliva que era un egoísta, lo que me hizo enojar y con una fuerza descomunal la arrojé al piso tirándole su cabello hermoso y ondulado. La golpeé en el piso a patadas mientras ella gritaba pidiendo ayuda hasta que murió. Si no podía ser mía, no sería de nadie más. Exhausto me tiré a la cama y la canción terminó para siempre: "Otro crimen quedará sin resolver".
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