Ese camino largo desde el colegio hasta mi casa, me produce un sentimiento enorme de nostalgia, porque pienso que me queda poco para seguir haciendo este recorrido diario con el uniforme.
Porque claro, faltan dos semanas para que mi estadía en el colegio como estudiante termine y emprendamos un vuelo hacia distintos horizontes. Estamos cerca de llegar al día final, a ese día en que nos demos todos un fuerte abrazo y nos digamos con lágrimas corriendo por nuestras mejillas: "¡Hasta pronto!".
Puedo mirar hacia atrás y ver muy cercano ese día en el que por primera vez me ponía esa ropa gris y blanca que nos identificó durante muchos años, y a pesar de no seguir ocupándolo, me seguirá siempre acompañando en mi corazón.
El tiempo es algo relativo, y lo que estuve en el colegio fue bastante rápido, sólo me queda secarme mis lágrimas y pensar en lo que se nos viene de ahora en adelante, en lo que el destino nos tiene preparado. Qué ganas tengo de verlos a todos, a mis compañeros, a mis amigos, con quienes compartí muchos sentimientos durante mucho tiempo, felices haciendo cada uno lo que le soñaba ser. Que esos sueños se transformen en realidad.
Pero bueno, lamentablemente, todo eso pasaría si yo estuviera vivo.
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